lunes, 12 de septiembre de 2016

leo como quien pasa - Fernando Pessoa


Leo y me libero. Gano objetividad. Dejé de ser yo y disperso. Y lo que leo, en vez de ser una vestimenta mía que apenas veo y que a veces me pesa, es la gran claridad del mundo externo, notable por donde se la mire, el sol que ve a todos, la luna que tiñe de sombras el suelo quieto, los amplios espacios que acaban en el mar, la negra solidez de los árboles que ondulan, verdes, en lo alto, la paz sólida de los estanques en las quintas, los caminos cubiertos por las viñas en los declives breves de las laderas.
Leo como quien abdica. Y como la corona y el manto real nunca son tan grandes como cuando el rey que parte los deja en el suelo, depongo sobre los mosaicos de las antecámaras todas mis epopeyas del tedio y del sueño, y subo la escalinata con la única nobleza de ver.
Leo como quien pasa. Y es en los clásicos, en los calmos, en los que, si sufren, no lo dicen, donde me siento sagrado transeúnte, ungido peregrino, contemplador sin razón del mundo sin propósito, Príncipe del Gran Exilio que dio, partiéndose, al último mendigo, la limosna extrema de su desolación.

Fernando Pessoa, Libro del desasosiego
Fragmento 55

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