viernes, 2 de octubre de 2015

AXOLOTL - Cristina Banegas

AXOLOTL
(Del náhuatl, “monstruo acuático” que habita en las profundidades. Salamandra. Anfibio caudado.)

Habrá que celebrar 45 años de teatro.

Habrá que hacer algo con todo ese tiempo de poner el cuerpo en la parrilla.

De salir a un escenario y que entonces ese cuerpo, éste, el mío, siempre incómodo, siempre sin poder instalarse, imprima, se tiña, sea atravesado por algo imaginario, ficcional que lo haga presente.

Que sea un personaje. Un fantasma.

Y que esa presencia a su vez atraviese el espacio infinito hasta el otro, el que mira en la oscuridad y le llegue y lo conmueva. Un salto imposible.

Habrá que celebrar este manojo de nada, este lugar absoluto que es el cuerpo, tantas veces expuesto. Tan invisible como el personaje. Ya no carne.

El Personaje como utopía del cuerpo. La única presencia.

La ficción como lo más real.

Que no sea sí mismo. Ningún sí mismo.

Cada vez despedazado. Deshecho. Y resucitado en otra construcción.

Y vuelto a reconfigurar en el próximo personaje.

Persistencia en cierto riesgo. Cierta intensidad extrema. Ese espacio, el escenario domina. Organiza. Condiciona todo lo demás.

Es decir, el resto del tiempo. Qué hacer con este cuerpo cuando no actúa. Cuando no está en ese extremo vértigo.

Dónde está cuando no está. 

En ningún otro lugar. Como la contra escena exacta de la ficción.

De la correntada.

Qué hago cuando no actúo.

Axolotl.

Vivir con la sensación permanente de estar fuera de lugar.

Por eso, sumergida en el fondo.

Esperando el momento del camarín. De la otra luz.

Ropitas. Ropajes. Semblante.

Escenarios demasiado inclinados. Abismo.

El público. La oscuridad. La bestia.

Y pegar, pegar sin parar. Demoler al público.

Demolerlo.

Actuar como si actuar fuera una venganza.

Cristina Banegas (Septiembre de 2012)

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