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miércoles, 7 de septiembre de 2016

Tezcatlipoca - Robin George

Tezcatlipoca
por Robin George

Los antiguos mayas relacionan al jaguar con “el sol nocturno”, el cual nos remonta al mito de la caída de Tezcatlipoca, que después de entrar al agua emerge en forma de jaguar. De igual forma la piel del jaguar tenía un significado importante para los indígenas ya que ésta se asemejaba al cielo estrellado; “los mayas yucatecos, usan una misma palabra ek para nombrar a las estrellas y a las manchas del pelaje del jaguar. A veces nombran al felino ekel mientras los totonacas lo llaman stáku-nisin, es decir "estrella jaguar" 3
Se conocen diferentes connotaciones que se le han dado a Tepeyóllotl de acuerdo a la cultura y el lugar del que se hable, por ejemplo: en el estado de Chiapas Tepeyóllotl es “Uotan” que significa “Corazón” y que se relaciona con el sonido del retumbar de la tierra durante los terremotos. En Chalcatzingo los jaguares son representados acompañados de plantas, en especial en la cultura Olmeca, haciendo alusión a la tierra y la relación que existe entre ésta y el jaguar.
También es común escuchar que Tepeyóllotl era asociado con el sol nocturno, es decir con la puesta de sol. Según creencias indígenas el jaguar era considerado como el animal más audaz y aquel que se desplazaba durante la noche y en cuanto al sol nocturno se interpreta el cambio de día a noche como un fin de ciclo, que en éste caso se refiere a la caída de Tezcatlipoca.

lunes, 18 de agosto de 2014

Vals con Bashir - Ari Folman (película completa)


Vals con Bashir || ואלס עם באשיר from Projimita on Vimeo.
Una noche en un bar, un viejo amigo le dice al director Ari que tiene una pesadilla recurrente en la que le persiguen 26 perros.
Cada noche, el mismo número de animales.

Los dos hombres llegan a la conclusión de que tiene que ver con una misión que realizaron para el ejército israelí durante la primera guerra con el Líbano a principios de los años ochenta.

Ari se sorprende al darse cuenta de que no recuerda nada de ese periodo de su vida.

Intrigado, decide ver y hablar con viejos amigos y antiguos compañeros dispersados por el mundo entero. Necesita saber la verdad acerca de ese periodo y de sí mismo.

Ari escarba cada vez más y sus recuerdos empiezan a reaparecer mediante imágenes surrealistas.

Película de Arif Folman.
Año: 2008
País: Israel

domingo, 3 de agosto de 2014

The Clockmakers / Les horlogers - Renaud Hallée


The Clockmakers / Les horlogers from National Film Board of Canada on Vimeo.
In this experimental animated short from Renaud Hallée, we travel inside a mysterious mechanism made up entirely of revolving gearwheels, triangles and lines. In this whirling, hypnotic world, dozens of tiny gymnasts leap, somersault and twist through the air. Their spirited acrobatics trigger both narrative and musical sequences that are mesmerizing and, at times, dizzying. Half-figurative and half-abstract, The Clockmakers is a playful creation that is sure to captivate and dazzle its audience.

lunes, 14 de julio de 2014

THE BIG BOY - Kokooma


THE BIG BOY from kokooma on Vimeo.
Animation, 6min
Written & Directed/ Animation: Lee kyu-tae (https://twitter.com/kokooma_)
Sound design: Gwon young-hwan(vimeo.com/scubaz)
Music: Shin hyun-mo(http://supertonic.co.kr)
2012, KOKOOMA(http://kokooma.com)

viernes, 16 de mayo de 2014

Si los tiburones fueran hombres - Bertolt Brecht


"humanos... se creen dueños de todo. Seguro eran banqueros"

Si los tiburones fueran hombres
Fuente: Bertolt Brecht, Historias de Almanaque, Barcelona, Editorial Alianza, 1975.
-Si los tiburones fueran hombres -preguntó al señor K. la hija pequeña de su patrona-, ¿se portarían mejor con los pececitos?

-Claro que sí -respondió el señor K.-. Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, en seguida se la vendarían de modo que el pececito no se les muriera prematuramente a los tiburones.

Para que los pececitos no se pusieran tristes habría, de cuando en cuando, grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes. También habría escuelas en el interior de las cajas. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Estos necesitarían tener nociones de geografía para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando. Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececillos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista. Si algún pececillo mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones.
Si los tiburones fueran hombres, se harían naturalmente la guerra entre sí para conquistar cajas y pececillos ajenos. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececillos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececillos que entre ellos y los pececillos de otros tiburones existe una enorme diferencia. Si bien todos los pececillos son mudos, proclamarían, lo cierto es que callan en idiomas muy distintos y por eso jamás logran entenderse. A cada pececillo que matase en una guerra a un par de pececillos enemigos, de esos que callan en otro idioma, se les concedería una medalla al coraje y se le otorgaría además el titulo de héroe. Si los tiburones fueran hombres, tendrían también su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececillos entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones, arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño, los pececillos se precipitarían en tropel, precedidos por la banda, dentro de esas fauces. Habría asimismo una religión, si los tiburones fueran hombres. Esa religión enseñaría que la verdadera vida comienza para los pececillos en el estómago de los tiburones. Además, si los tiburones fueran hombres, los pececillos dejarían de ser todos iguales como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececillos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los tiburones verían esta práctica con agrado, pues les proporcionaría mayores bocados. Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre los demás pececillos, y se harían maestros u oficiales, ingenieros especializados en la construcción de cajas, etc. En una palabra: habría por fin en el mar una cultura si los tiburones fueran hombres.